El tiempo sigue pasando, como caen las hojas en otoño de los árboles, siento que mi árbol va perdiendo hojas y con ellas vuelan los recuerdos, las añoranzas, y me invade la melancolía. A veces pierdo la cuenta de los años que han pasado desde que te fuistes. Pero como olvidar el 12 de Diciembre de 2011. 8 años y medio, y me parece a veces como si fuera ayer. La necesidad de darle todo a tu hermana, a Irene, su energía, su alegría, sus ganas de experimentarlo todo, de darlo todo y exprimirlo, hace a veces que no me pare como lo hago ahora, a dedicarte un tiempo para tí, mi tesoro eterno. Estás, de otras mil maneras en mí y en mi vida, y aunque tu recuerdo no ha dejado de doler, tu huella de amor está en todas partes y especialmente en Irene, a la que miro y me pregunto a veces, como serías tú con su edad o con 8 años y medio, ahora. Y el reflejo de sus ojos, su profundidad, me llevan a entender que de algún modo estás en ella, y que ella y tú, con vuestra misión me habéis cambiado la vida por completo. Lucía, mi tesoro, espero que desde dónde estés nos sigas iluminando y cuidando con tu poder celestial. En estos momentos históricos con la Pandemia mundial que estamos viviendo, te pido que cuides de tu hermana y su entorno más que nunca, jamás hubiera imaginado en la vida, poder vivir lo que estamos viviendo ahora. Miras el mundo con los ojos del miedo, cuando ya no puedes identificar las sonrisas de los demás porque tenemos que protegernos con mascarillas, cuando miras alrededor y ves el peligro en todas partes, y valoras con más fuerza todo lo que antes no le veías tanto valor. Y por supuesto, tengo un miedo muy profundo por Irene, porque pueda pasarle algo.
Mi tesoro eterno, siempre, siempre pienso en tí. Con amor eterno, hasta el infinito y más allá.
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