Hola mi bebé,... mi ángel de luz.
Después de un tiempo sin poder escribir, lo hago ahora mismo por impulso, necesitando decirte una vez más... cuánto te amo, y te amaré siempre.
Pienso en tí cada día, te tengo en mi mente de forma subconsciente y muy consciente, y a veces sin querer dejo que venga a abrazarme de nuevo la tristeza cuando es cierto que no es justo que te transmita este sentimiento.
Ahora, tenemos que velar por tu hermanita, que crece dentro de mi vientre, y siente todo lo que yo siento... me debato entre esos sentimientos inoportunos y la felicidad que me invade al sentir sus movimientos y pataditas, la vida, el milagro de la vida. Y es cierto, no es justo para ella, ni tampoco para tí.
Ayer en mi sesión de reiki, con una persona muy especial, sin duda un ángel terrenal, me hizo ver muchas cosas que a veces no quiero ver, o no puedo ver... me hizo sentir mucha calma, y mucha paz... que la vengo necesitando desde hace tiempo.
En esa sesión, no sé si creada por mi cabeza o por una interacción espiritual, no lo sé, yo siento que dialogamos, que tu hermana dialoga conmigo, y de alguna manera percibo que tengo que aplacar mis miedos, que tengo que dejar de sentir angustia, que todo va a salir bien, y que tú como ángel de luz nos seguirás cuidando... aunque ya no estés aquí.
Sé que tengo que dejarte marchar, que tengo que dejarte ir y guiarte hacia la luz más pura, para que seas feliz, y no preocuparte con mi estado... no es justo, porque me has mandado el mejor regalo: tu hermana. Y ella se merece que encuentre la paz y la calma necesaria para vivir el embarazo con felicidad, tal y como lo viví contigo.
Te digo todo esto por escrito, a través de un impulso, porque necesitaba hacerlo así.
Mi niña, jamás te olvidaré. y serás eternamente nuestro ángel de luz... cuidándonos desde dónde estés. Sin duda, el mejor lugar del cielo.
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