Hola pequeña, tenía muchas ganas de quedarme un rato a solas para escribirte.
Poco a poco, pasan los días, las semanas y van pasando los meses.... el tiempo pasa pero tú sigues aquí, tan presente, tan palpable. Me siento tan rara, montada en una montaña rusa donde mis emociones campan a sus anchas, dónde a veces yo soy dueña de ellas.
El otro día, en el médico con tu abuelita, fué tan duro... tan desgarrador, que me ha durado días como una resaca emocional, de tristeza inmensa. Yo no esperaba escuchar a un bebé llorar así, en la consulta de al lado, yo no esperaba que me fuera a afectar tanto, hasta el punto de querer salir corriendo de la consulta, avergonzada por el descontrol que me embargó en ese instante, que me brotaban las lágrimas y no podía pararlo. Esa sensación no me gustó nada, pequeña. Nada de nada. Yo no quiero sentir esa tristeza, ni estallar en llanto, yo no quiero sentir este dolor que me parte, ni quiero estar volviendo loco al mundo entero que me rodea. Yo no quiero, pero no puedo. No puedo fingir que me siento bien, cuando no es así, que todo va a mejor, porque no es así... me siento bloqueada, y con un sentimiento de vacío inllenable. Ese bebé llorando me hizo darme cuenta que no te tengo conmigo, que ha pasado un mes desde que podría haberte tenido ya aquí... es un dolor, tan grande, tan grande, que pocas personas pueden entenderlo. Aunque tu amor me da fuerzas, para que esos momentos se vayan espaciando... yo lo sé.
Las personas que me quieren, quieren que esté bien, que ya no esté triste, que ya vuelva a ser yo, que deje atrás todo lo vivido y que me ponga las pilas para remontar mi vida de nuevo, traerte un hermanito o una hermanita... y yo, me quedo pensando... ¿cómo se hace para no seguir triste? ¿cómo voy a volver a ser yo, si una parte de mí se ha ido contigo?... ¿cómo hacer todo esto, que sé que es lo mejor, lo que todo el mundo me desea de corazón...? ¿cómo? Si mi hija que es lo más grande que he tenido nunca, no ha venido al mundo que le esperaba, a nuestro mundo de colores, pintado de ilusiones... todo se ha quedado guardado en cajones, todo apartado para que no duela tanto, pero allí están... todas mis ilusiones.
Prefiero los silencios. Porque allí estás tú.
No quiero dejarte una veta triste porque no te lo mereces.
Tú que eres luz, no quieres ver estas sombras que oscurecen mi corazón... yo lo sé, por eso también te digo, que gracias a tí, tengo otros muchos momentos que si son buenos, que vuelvo a reirme con ganas como hoy con tu abuelita haciendo el intento de aprender a hacer punto... con las dos agujas, la lengua fuera y la lana colgando del dedo, que si puntada por aquí... que si puntada por allá... nos hemos reido mucho... y yo sé que esos momentos son los que tú quieres que yo tenga... y sí, si que los tengo. Y esos momentos sé que me los das tú... que me coges de la mano y me llevas a ellos, ... luego me los muestras, ¿a que sí?
Buenas noches, cielo mío... quisiera poder volver a recordar un sueño bonito como hace poco lo tuve. Cómo me gustaría encontrarte esta noche entre mis sueños, para poder acariciarte y besarte, mi vida, cuánto me gustaría.
"Transformaste mi corazón con tu amor infinito, pequeña mía, ¡cuánto me enseñaste! Hiciste que traspasara el umbral de mi egoísmo personal y conociera un mundo diferente, lleno de sentimientos bonitos y puros. Por ti, ahora sé que puedo ser una mejor persona… así lo siento."
ResponderEliminarHola Maira, aún con lágrimas en los ojos, he copiado este trocito solo, porque me siento taaan identificada con las palabras que le dedicas a Salomé, que carta tan preciosa, me he emocionado mucho... esque... son sentimientos tan parecidos, que he sentido como si esas palabras las hubiese escrito yo misma... Gracias a ellas, somos mucho mejores, eso sin duda.
Un abrazo Maira.
"Todo son fechas, todo son recuerdos y posibles días felices que nunca llegaron" Así es amigas, solo nosotras sabemos que significa esa frase, lo que conlleva, lo que remueve y lo que duele.
ResponderEliminarÓscar me hace llegar que Salomé y Lucía son unas bellas princesitas y que juegan todos juntos muy a menudo.
Un abrazo Maira y Lola
Gracias a vosotras, por estar aquí a mi lado de forma tan incondicional, yo también os doy las gracias porque vuestra compañía, vuestras palabras y vuestro apoyo, me hace sentirme más fuerte. Este camino tan duro que nos ha tocado recorrer como dice Maira, se hace más llevadero pudiendo compartir y expresar libremente nuestros verdaderos y comunes sentimientos.
ResponderEliminarNuestros pequeños desde el cielo, ya son amiguitos porque lo son sus mamás, y orgullosos nos miran y nos mandan luz y fuerza para que volvamos a ser felices sin ellos aquí en la tierra... con su recuerdo que mantendremos siempre vivo, con su gran amor y esas grandes lecciones que nos han dado de vida siendo tan pequeñitos.
Óscar, Álvaro, Salomé y Lucía... que pandilla más chula que han formado en el cielo, que preciosos ángelitos cuidan de nosotras para siemre.
Os mando un gran abrazo,
Lola